Diciembre 31
Tenemos un intercesor ante el Padre: Jesucristo, el Justo”
1 Juan 2, 1- 3
Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. El es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero. En esto sabemos que le conocemos: en que guardamos sus mandamientos.
VER
San Juan se dirige a la comunidad con un tono profundamente pastoral: “Hijos míos”. No escribe para acusar, sino para orientar y cuidar la fe. Reconoce con realismo la fragilidad humana: el creyente puede pecar. Sin embargo, afirma con claridad que el pecado no es el destino del cristiano ni algo que deba asumirse con resignación. El llamado es a no pecar, pero sin caer en la desesperación cuando se falla.
El centro del mensaje es Jesucristo, presentado como nuestro intercesor ante el Padre y como víctima de expiación por nuestros pecados, no solo por los de la comunidad, sino por los de todo el mundo. Esta afirmación subraya la universalidad de la salvación. Finalmente, san Juan establece un criterio concreto para conocer a Dios: guardar sus mandamientos. El conocimiento de Dios no es solo intelectual o emocional; se verifica en la obediencia y en una vida transformada.
Preguntas de reflexión
- ¿Qué intención pastoral se percibe en las palabras “hijos míos”?
Observe el tono cercano y protector con el que san Juan se dirige a la comunidad. - ¿Cómo presenta el texto la realidad del pecado en la vida del creyente?
Reflexione sobre el equilibrio entre exigencia moral y misericordia. - ¿Qué significa que Jesucristo sea nuestro intercesor ante el Padre?
Contemple a Cristo como mediador permanente que nos defiende y acompaña. - ¿Qué relación establece el autor entre conocer a Dios y cumplir sus mandamientos?
Analice cómo el conocimiento de Dios se manifiesta en la vida concreta.
JUZGAR
Este texto ilumina profundamente nuestra realidad actual. Por un lado, existe la tendencia a minimizar el pecado; por otro, el riesgo de vivir la fe con culpa excesiva o desesperanza. San Juan ofrece un camino equilibrado: reconocer el pecado sin justificarlo, pero confiando plenamente en la intercesión de Cristo.
En nuestra sociedad se habla mucho de libertad, pero se rechaza con frecuencia toda norma. En este contexto, los mandamientos son vistos como imposiciones y no como caminos de vida. También en la Iglesia podemos reducir la fe a sentimientos, prácticas externas o conocimientos, olvidando que conocer a Dios implica vivir según su voluntad. En Navidad proclamamos que Dios se hizo cercano; este texto nos recuerda que esa cercanía nos llama a una vida coherente.
Preguntas de reflexión
- ¿Qué actitudes actuales reflejan una falsa comprensión del pecado o de la gracia?
Identifique extremos como la indiferencia moral o el desánimo espiritual. - ¿Cómo entendemos hoy la figura de Cristo como intercesor y salvador universal?
Reflexione si esta verdad es realmente fuente de confianza y esperanza. - ¿Qué lugar ocupan los mandamientos en la vida de los creyentes hoy?
Piense si son vistos como carga o como guía para vivir en libertad. - ¿Cómo se refleja la coherencia entre fe y vida en nuestras comunidades cristianas?
Observe testimonios positivos y también carencias.
ACTUAR
La Palabra nos invita a vivir una fe madura y confiada. No se trata de vivir con miedo al error, sino con la certeza de que Cristo camina con nosotros y nos sostiene. En este tiempo de Navidad, estamos llamados a renovar nuestra confianza en Jesús, que intercede por nosotros y nos ofrece siempre un camino de reconciliación.
Guardar los mandamientos no es solo cumplir normas, sino vivir el amor concreto a Dios y al prójimo. Esto se traduce en decisiones cotidianas: honestidad, respeto, justicia, misericordia. Dejar que Cristo nazca en nuestra vida implica permitirle orientar nuestras acciones.
Preguntas de reflexión
- ¿Qué aspecto de mi vida necesita mayor coherencia con el Evangelio?
Revise sus actitudes, decisiones y relaciones. - ¿Cómo vivo la confianza en Cristo cuando experimento mi fragilidad?
Piense si acude a Él con esperanza o se queda en la culpa. - ¿Qué mandamiento me invita hoy a vivir con mayor profundidad?
Identifique uno concreto y reflexione cómo aplicarlo. - ¿Qué compromiso práctico puedo asumir para vivir mi fe con mayor autenticidad?
Proponga una acción sencilla y realizable. - Conclusión
- La Navidad nos recuerda que Dios no se queda distante ante nuestra fragilidad, sino que se hace cercano en Jesucristo. San Juan nos anima a vivir sin miedo, confiando en Cristo, nuestro intercesor, y caminando en la obediencia amorosa. Que este tiempo navideño renueve nuestra esperanza y nos ayude a conocer a Dios no solo con palabras, sino con una vida que refleje su amor.
- Invitación a Propagar el Reino
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